Durante la década de los 80, los juguetes típicos que todo infante quería tener eran los que nada tenían que ver con la tecnología. Bastaba con aquellos materiales artesanales pintados de colores, que hacían honor a la madera, el plástico y el hule; aquellos, fueron los que los que marcaron la infancia del consumidor que hoy tiene 30 años.