La expansión de los vehículos eléctricos está cambiando una conversación que durante años estuvo concentrada en autonomía, infraestructura de carga y precio de adquisición. Ahora, fabricantes, aseguradoras y consumidores enfrentan una nueva pregunta: ¿cuánto cuesta reparar un automóvil eléctrico después de un accidente?
El reporte “Electric Vehicle Insurability: Markets Maturing”, elaborado por Swiss Re Institute, concluye que la asegurabilidad de estos vehículos mejora conforme los mercados acumulan información, experiencia técnica y redes de reparación. Sin embargo, el costo de los siniestros continúa siendo superior al de los automóviles de combustión interna.
El desafío adquiere mayor relevancia para México y América Latina. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, las ventas regionales de automóviles eléctricos crecieron 75% durante 2025 y superaron las 350 mil unidades. Brasil y México aportaron más de tres cuartas partes del crecimiento.
La batería puede representar 40% del valor del vehículo eléctrico
Uno de los principales factores detrás del costo de reparación es la batería, que puede representar alrededor de 40% del valor de un vehículo eléctrico nuevo.
Muchos paquetes no están diseñados para desmontarse o repararse parcialmente. Un golpe en la carcasa, incluso cuando el daño parece localizado, puede llevar al reemplazo completo de la batería o a declarar el automóvil como pérdida total.
A esto se suman los sistemas de alto voltaje, sensores, cámaras, radares y componentes de asistencia a la conducción. Su diagnóstico requiere herramientas especializadas, protocolos de seguridad y técnicos certificados.
En Estados Unidos, la severidad promedio de los daños reparables en vehículos eléctricos fue aproximadamente 25% superior a la de los automóviles de combustión durante 2025. En Francia, el diferencial llegó a 23%, mientras que en Reino Unido las reparaciones costaron 25% más y necesitaron 14% más tiempo.
El problema no es que los automóviles eléctricos choquen más
El reporte de Swiss Re cuestiona una de las percepciones más extendidas sobre esta tecnología. Los vehículos eléctricos no necesariamente tienen una mayor frecuencia de accidentes.
En Alemania, la frecuencia de reclamaciones de cobertura amplia fue entre 10% y 15% menor que en modelos equivalentes de combustión. En Noruega, el número de accidentes por kilómetro recorrido fue 17% inferior.
La presión para las aseguradoras no está principalmente en la cantidad de siniestros, sino en su severidad económica. Un automóvil puede chocar menos, pero generar una reclamación considerablemente más costosa cuando el accidente afecta la batería, los sensores o la estructura integrada.
Las marcas chinas ponen a prueba las redes de reparación
La expansión de fabricantes chinos en América Latina, Europa, África y Medio Oriente introduce vehículos competitivos en precio, tecnología y equipamiento. No obstante, también pone a prueba la disponibilidad de refacciones, la capacidad de los talleres y la experiencia de las aseguradoras para calcular el riesgo de modelos nuevos.
Cuando una marca crece más rápido que su red posventa, una reparación puede retrasarse por falta de componentes, manuales técnicos, diagnósticos o personal certificado. Ese tiempo adicional aumenta el costo para aseguradoras y consumidores.
La entrada de más modelos también obliga a abandonar tarifas generales para vehículos eléctricos. Swiss Re señala que los mercados más maduros avanzan hacia precios calculados por modelo, uso, comportamiento del conductor, costo de refacciones y facilidad de reparación.
Diseñar automóviles pensando en el seguro
Ante este escenario surge el concepto “Design for Insurability” o diseño para la asegurabilidad. La propuesta plantea que los fabricantes consideren desde el desarrollo del vehículo cuánto costará diagnosticarlo y repararlo.
Entre las soluciones aparecen baterías modulares, carcasas reemplazables, diagnósticos de alto voltaje más accesibles y componentes vulnerables colocados de manera independiente. El objetivo es evitar que un daño menor obligue a sustituir sistemas completos.
Para el consumidor, la reparabilidad tendrá un peso creciente en el costo total de propiedad. Un automóvil eléctrico accesible puede dejar de serlo si enfrenta primas elevadas, refacciones escasas o reparaciones prolongadas.
La transición eléctrica no dependerá únicamente de vender más vehículos, también requerirá que puedan asegurarse, repararse y mantenerse a un costo razonable. En esa ecuación, el diseño y la red posventa serán tan importantes como la autonomía de la batería.
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