Por: Erika Fonseca
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Todo en el mundo cambia, nada es permanente. Una cita de Heráclito y un principio Budista con muchas vertientes, y el diseño, no es la excepción.
La imagen corporativa, con todos los fundamentos, manuales, reglas, lineamientos, usos y desusos, tampoco es inamovible. Pareciera que sí­, cuando leemos por primera vez un manual de imagen. Lo cierto, es que las reglas tampoco pueden ser rí­gidas y permanentes. Mucho menos en un mundo tan acelerado por la reducción de los procesos gracias a la tecnologí­a.

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Es evidente, que en el siglo pasado, cuando el diseño y la producción llevaba mucho tiempo, los ciclos de vida de un logotipo o empaque eran tremendamente más largos comparados con los de hoy. La tecnologí­a nos ha acelerado la vida en muchos sentidos, y el diseño en general, también ha sido ví­ctima de esa vorágine.

La imagen corporativa, aunque un poco más rí­gida y sólida, también ha entrado en el mundo del cambio. Las empresas se han dado cuenta que la evolución en servicios, procesos, productos, etc., también es algo que demostrar dentro de la parte gráfica que la representa. ¿Por qué lo hacen? pues porque la evolución del proceso prácticamente lo exige.

La imagen gráfica de una empresa está í­ntimamente ligada a la comunicación de la misma. Es muy importante ser congruentes con el mensaje que queremos dar para que tenga éxito y sea fácil de entender. El cerebro procesa los mensajes gráficos exactamente igual que las palabras; si de pronto, hay una discrepancia, los consumidores y/o usuarios, lo podrán “ver” aunque tal vez no puedan verbalizar la diferencia que hay entre lo que se comunica y lo que realmente es.

¿Cuándo es tiempo de darle un twist a la Imagen Corporativa? Pues cuando la evolución de la empresa o marca, tuvo un cambio importante: más productos, más servicios, mejoras en la producción, mejoras en los productos, mejor talento… hay miles de razones.

Lo cierto es que las grandes empresas también cambian, poco a poco, de una manera casi imperceptible, pero cuando analizamos los logotipos podemos ver los pequeños grandes cambios.

Personalmente creo que hoy por hoy, estamos volviendo poco a poco a las formas simples, sin volúmen, sin degradados. Vivimos un mundo más simplificado tanto en la forma como en el fondo y eso se refleja en la limpieza de los elementos y los colores.

Es importante que entendamos que estos cambios no nacen de la nada, y no se hacen simplemente porque sí­, tienen un trasfondo y un por qué. Constantemente me pregunto: ¿Cuándo entenderan las marcas y las empresas que el cambio en la gráfica es una muestra de la evolución? No estoy diciendo que rompamos todas las reglas establecidas previamente, sólo que seamos parte del crecimiento y evolución. Creo que todos los que estamos involucrados de alguna manera con las marcas y empresas, tenemos que evangelizar a los clientes para que conozcan la importancia de evolucionar la gráfica.

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