El reto Fintech frente a la nueva ley

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Desde hace más de un año se ha comentado la inminente publicación de la Ley Fintech en México, cuando inició la discusión de la misma algunos círculos la esperaban ansiosos, ya que tenían expectativas muy altas de ella, ya que parecía haber cierta apertura de las autoridades por escuchar las inquietudes de los Startuperos.

Este júbilo terminó al circularse, de manera extraoficial, los primeros borradores de la misma y terminaron por apagarse con el caso de Miguel Islas y su empresa Foodies, en Fondeadora, situación que terminó de afectar la percepción de la autoridad sobre el modelo de negocio del crowdfunding.

Antes de profundizar más en la situación, voy a acotar un poco en la agenda Fintech, como industria, ya que el término ha sido desgastado, al igual que el de startup, ya que suena cool y funciona para ligar en el antro, entonces se vuelve muy fácil convertir la situación de estar en búsqueda de empleo en “estoy emprendiendo una startup de Fintech” sea lo que sea que quiera decir. La agenda Fintech comprende solo algunos de los modelos de negocio que hoy en día abarcan las startups, se enfoca en aquellos que impactan la forma en la que la gente interactúa con sus finanzas, procurando acercar sus beneficios a un mayor número de personas, así como brindar soluciones para la vida diaria, como por ejemplo el transferir dinero de una persona a otra en cualquier momento (P2P), facilitar el acceso a diversos métodos de pago para un pequeño comerciante o tener la capacidad de contar con sistemas de lealtad sin ser una cadena transnacional.

Contar con una Ley Fintech supondría la existencia de un marco normativo claro y competitivo para quienes decidan dedicarse a alguno de los modelos de negocio regulado por la misma, que son: e-money, crowdfunding, y wallet’s, lo que suena maravilloso, en la teoría. La complicación se da, cuando tenemos que analizar los posibles efectos negativos para los consumidores, como fue el caso de los inversionistas de Foodies quienes aportaron un millón de pesos al proyecto por medio de Fondeadora, para poco después enterarse que el “empresario” había huido con su dinero, capítulo que concluyó cuando la plataforma decidió absorber la pérdida y reembolsar las aportaciones a aquellos inversionistas que así lo solicitaran.). El concepto puede resultar muy atractivo, en mi mente lo imagino más o menos así:

“Estaría padrísimo que la clase media también tuviera acceso a invertir en empresas. Imagínate a un Gerente que pueda invertir en  empresas de tecnología, y que todo lo pudiera hacer desde su computadora o su celular y más sin necesidad de participar en el complicado mundo de las bolsas de valores, que es solo para los ricos y los que saben.”

Suena como un mundo ideal; pareciera como si los jóvenes realmente estuviéramos reinventando el mundo, y se vale, pero no por ello debemos dejar de lado el análisis de las circunstancias que dieron pie a las normas actuales, como en el caso de la protección de los pequeños inversionistas y la obligación de las empresas públicas de contar con mecanismos robustos de gobierno corporativo y auditoría. Otras variantes del crowdfunding son algunas plataformas que invitan al público a aportar para alguna causa social, como Superacción, que busca apoyar a estudiantes promoviendo su caso en la plataforma www.socialcrowd.mx, que es una plataforma del INADEM, en la que se puede apoyar a empresas sociales a cambio de distintos beneficios, sin que dichas actividades sean el objeto de dicha ley.

El caso de los monederos o de las plataformas P2P, que permiten resolver situaciones cotidianas como contar con fondos cuando te quedaste sin dinero para pagar un estacionamiento en la noche, presentan de igual forma un riesgo para los “ahorradores” que suben dinero a sus cuentas virtuales, en espera de poder disponer de sus saldos cuando así lo requieran,ya que dichas plataformas, hasta la fecha no se encuentran supervisadas y no hay garantía de que cuentan con solvencia para liquidar los montos a su cargo, situación por la que se vuelve delicado el tratamiento de estos modelos de negocio.

La Ley Fintech que está por llegar, tiene un reto muy complejo, generar un entorno de certidumbre para los usuarios de los servicios de las empresas Fintech, así como propiciar un ecosistema competitivo, con barreras de entrada alcanzables para los distintos jugadores. Todo lo anterior, aunado a la necesidad de garantizar la protección de los datos sensibles y bancarios, que son utilizados para concretar las operaciones de las Fintech.

Creo que el mayor beneficio que traerá consigo la Ley, será depurar el ecosistema, dejando fuera a los proyectos evidentemente improvisados y que tarde o temprano iban a causarle un dolor de cabeza a toda la industria.

Lo que es de suma importancia es por fin darle carpetazo a la incertidumbre por la publicación de la Ley Fintech.Debe ser una prioridad de la autoridad concretarla en el corto plazo, ya que urge dar certidumbre en la materia, principalmente en nuestro contexto, siendo México, un país que no termina de despegar en temas de internet y Fintech, por la falta de confianza que existe entre los consumidores.

 

 

 

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