Por: Arturo González Salas
Twitter: @Artglez

Hace un par de décadas arquitectos preocupados por la vorágine constructiva, plantearon revolucionar la urbanidad de las ciudades. Nadie se opone al progreso, lo que es evidente es el rechazo a lo que se edifica con la falsa insignia del avance, bajo acciones desechables, caminos rápidos que terminan llevándonos al caos.
Hablar sobre urbanismo, señalización y servicios, parece un tema lejano a la mercadotecnia, mucho más extraño al tratarse desde el punto de vista del Below the line, sin embargo, podemos colocarnos unas gafas distintas a las habituales, entonces se observa la intervención de los gobiernos, empresas y ciudadanos, construyendo monumentos y edificios en homenaje al BTL funcional.

Basta el Cerro de la Silla para reconocer que estamos ubicados en Monterrey,  el capricho de la naturaleza y la subjetiva apreciación del hombre, otorga el contexto para concebir un sí­mbolo colectivo.
Los acueductos que se utilizaron para el abasto de agua en siglos pasados, ahora figuran como paraje turí­stico, para los historiadores es una prueba de la culturización, para los locales un punto de referencia, además de materia de estudio para los ingenieros.
Los kioscos de servicios colocados en puntos de tráfico, no son más que una extensión de la oferta llevada hasta el cliente, los lugares comúnmente son espacios poco comunes, al establecerse se mimetizan con la ciudad, con el entorno, son desde entonces un elemento indispensable.
Las señalizaciones para  los lugares de personas con capacidades diferentes,  han modificado el aspecto urbano, adaptando cada signo y mensaje para que además de ayudar a esta minorí­a, también otros sectores adopten la cultura de respetar los accesos y cajones de estacionamiento.
La publicidad alternativa suele convertirse en su propio verdugo, aquello que resultó impresionante y diferente, tiende a pasar desapercibido en la abundancia y repetición del mismo recurso.
Los directores de herramientas de marketing, basan sus esfuerzos en la premisa de solucionar. En principio, la necesidad de bienes o servicios, en segundo, la necesidad de un mensaje que detalle las conveniencias de la compra. Sí­ atendiendo los puntos anteriores se generan factores de alteración, se debe estar consiente de las implicaciones.
La forma de BTL que empleamos, debe estar alejada de la agresión al escenario urbano, no debe arriesgar la seguridad de los espectadores,  debe mostrar su lógica de temporalidad, evitando con ello grupos que se manifiesten en contra de nuestras actividades.
Es básico realizar las gestiones gubernamentales para obtener permisos. Los ayuntamientos cobran impuestos por volanteo y uso de suelo, los estados otorgan anuencia de tránsito para cerrar calles, las cámaras de varios gremios establecen polí­ticas para promociones y los ciudadanos facilitan sus bardas, patios, conexiones de luz. Carecer de permisos nos hace ilegales y lo alternativo no es sinónimo de incumplir las reglas.
Frente a ecosistemas de asfalto, vidrio, metal y estrés, organicemos las prioridades, hagámoslo desde una perspectiva de inclusión, la prueba de que vivimos en burbujas, es que cada quien jala una cuerda según sus intereses.
Así­ como existen lí­deres de la construcción proponiendo mejoras como Taller 13 de Arquitectura Regenerativa, también los mercadólogos debemos contribuir a que el BTL se reinvente, generemos el cambio desde una conciencia que vaya en cuidado del entorno. Busquemos beneficios, pero que estos no sean unilaterales, pues es ahí­ donde parecemos  iniciar cí­clicamente.

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