Por: Arturo González Salas 
Twitter: @Artglez

Hace un par de semanas atrás se celebró la Marcha del Orgullo Gay, las calles de varias ciudades del mundo se llenan de fiesta, reflexión y por supuesto de personas que abiertamente aceptan sus preferencias. Si existe un nicho poco explorado en México es el gay, pocas empresas incluyen dentro de su planes esfuerzos para este segmento, que por lo general tiene la capacidad de pagar por bienes y servicios de carácter aspiracional, es decir, que deciden pagar más, por atributos como calidad, exclusividad, servicio y posicionamiento de marca.

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La Marcha no es el orgullo de todos los homosexuales, los principales detractores le achacan la exposición desmesurada de las cualidades que frenan la inclusión social, les causa contradicción el uso de la libertad de expresión cuando va unida a la caricaturización y prefieren ser participes de un desfile silencioso, el de darle valor a la persona sin importar adjetivos, pues la diferenciación, según ellos, es lo que provoca rechazo.

Desde la constitución del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria a finales de los años setentas, se concebí­a como principal ideal acabar con la homofobia. Aquellos albores en donde marchaban si acaso una veintena de personas se vuelca ahora en una fecha obligada de reunión.

En la actualidad los fines son diversos, en ellos podemos observar marketing, les comparto algunos puntos:

1.- Un gran evento con un motivo claro y fundamental, no sólo hay un porque, sino que existe un lugar, una dinámica y por lo tanto una respuesta. El dí­a lleno de actividades parece concluir con un concierto masivo en el zócalo capitalino, digo parece, pues de ahí­ la invitación a la fiesta apenas comienza.

2.- El desfile, como un formato moderado de una marcha de protesta, se ha suavizado a tal grado que ahora parece más un festejo que un reclamo social.

3.- Integración de empresas, cada carro alegórico esta destinado a cautivar a los espectadores, por lo general son temáticos, reparten volantes, exhiben cuerpos torneados, imitan artistas reconocidos y bailan como si estuvieran en Rí­o de Janeiro pero a la vez en Ibiza.

4.- Se ofertan souvenirs como banderas, gorras, playeras, bufandas, pulseras, pelucas, pelí­culas con temática homosexual, por decir algo. También se ofrecen hoteles, antros, bares, restaurantes, recorridos, saunas, sex shops, integrando así­ opciones a un segmento convocado y reunido eficazmente.

5.- Personajes y lideres de apoyo, se ven los más atrevidos con atuendos de pelí­cula, los tí­picos clichés, los famosos del gremio y los clásicos strippers, no se sabe para donde voltear, aunque a cualquier lugar que lo haga, encontrará una sorpresa.

6.- El arcoí­ris como estandarte de la libertad, las barras simbolizan la inclusión de cualquier  preferencia, la marca que sobrepasa las culturas realiza BTL en cualquier lugar donde se ubique.

Algunos negocios han comenzado a destinar estrategias que ‘tropicalizan’ sus productos y servicios para hacerlos interesantes hacia los homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgéneros, travestis, transexuales e intersexuales. No se imagina las firmas que realizan magnificas campañas, espero pueda darle un vistazo a cualquier revista LGBT, por ejemplo OHM Ciao Clichés, menciono dicha publicación porque utilizó muy bien sus cartas en la pasada Marcha, felicidades.

¡Nadie es libre hasta que todos seamos libres! La anterior frase de Claudia Hinojosa me parece brillante, pues el marketing debe permitir liberar el potencial, espero decida abrirse a las posibilidades, si usted no las toma, estoy seguro que alguien con menos tabús lo hará.

Pulgar hacia por los que están orgullos de lo que son, pues es el primer paso para lograr objetivos mayores.

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