Marketing al estilo Willy Wonka

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Hace unos días estaba haciendo zapping en la tele y me encuentro con una de las mejores películas para niños que he visto: Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate. Lo digo por  ser una trama tan sencilla y a la vez tan real, ya que todos hemos soñado con alguna vez tener o vivir en una lugar lleno de caramelo. La historia, específicamente el personaje de Willy Wonka, me hizo pensar en una teoría de Marketing basada en el protagonista.

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Wonka solo tenía un objetivo, en el cual se basa la teoría: quería que los visitantes a su fábrica de chocolate experimentaran constantes sorpresas y sintieran la experiencia de probar el producto (o en este caso puede ser servicio). Es algo con lo que coincido y es para mí una ley fundamental del marketing: el hecho de que tu marca realice alguna acción de Marketing (Spot, BTL, Evento, Afiches, etc), TIENE que generar una experiencia. Mientras más creativo seas mayor será el impacto. Volemos con los pies en la tierra, toda acción de marketing por más creativa que sea tiene que tener pies y cabeza y sobretodo un objetivo aterrizado en números. Regalar un lapicero te hace ser igual que todos. Tienes que imaginar ser un chocolate de Wonka, un chocolate especial, mágico, impredecible, lleno de sorpresas; eso es lo que te hace ser distinto a la competencia.

El personaje también nos enseña que el hecho de manejar una fábrica (o marca) implica una total pasión y dedicación por ella. Durante la película, Wonka menciona: “Innovación es 93% sudor, 6% de electricidad, 4% evaporación y 2% caramelo”. Ante esta definición, la Señora Teevee le responde “Eso es 105%”. De esto se trata, de dar siempre más de lo que nos piden, y de esta manera los resultados serán mejores. El trabajo arduo es lo principal de la receta.

Busquemos constantemente la innovación, como Wonka hacía con sus caramelos y chocolates, ideando nuevos productos para distintos mercados. Pensemos en los públicos nicho para poder satisfacer o hasta crear nuevas necesidades en los consumidores.

Fijémonos, por ejemplo, en las cascadas de chocolate de su fábrica. Wonka reconoce que puede que este método no sea el más efectivo a la hora de batir chocolate, pero igual funciona. El hecho de romper las reglas lo hace especial y a la vez atractivo para los ojos del consumidor, es por ello que todos los niños se quedaban con la boca abierta. Pensemos fuera de la caja, seamos la oveja negra, la marca diferente, la innovadora, seamos Willy Wonka y su Fábrica de Chocolate.

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